viernes, 25 de septiembre de 2015

Vuelta a los orígenes


De nuevo escribiendo aquí, en esta oportunidad relatar la remembranza de mis orígenes, aunque naci en Valencia Estado Carabobo, mi familia es del Estado Apure, de llano adentro en los límites con Barinas, en un sitio denominado: La Realidad, bordeando el río Apure, entre la población denominada Santa Lucia y Apurito, En la extensión entre el Apure Seco y el Caño Ruende, ahí  vivían mis abuelos maternos: Fidela y Juan Luis, en donde  pase mi infancia. Estos recuerdos se afianzaron al oír una canción de un cantautor llanero: Alfredo Parra cuyo título: “El llamado de la Tierra”,  me hizo recordar  la región  de origen de mi familia, en donde vivieron por muchos años hasta su migración hacia otras zonas. 

Mi abuela viuda con sus hijos menores y   por razones de mi enfermedad (polio),  tuvimos mi mama y yo trasladarnos  a Caracas, por lo que ella  decidió   irse a San Fernando, dejando en el sitio a mi tía Teodora, hermana de mi abuela,  quien posteriormente junto a mi tía Rosa  una de las hijas de mi abuela, que  vivía cerca en la misma región, tuvieron que salir de ahí hacia la población de Achaguas, porque las tierras después de más de 40 años que la familia estuvo radicada en la zona,  apareció un Señor quien mostro documentos que había comprado los terrenos a su antiguo dueño y  desalojo a las familias que se encontraban en esa localidad.  Sin embargo las vivencias ahí perduran a pesar del tiempo, el año pasado (2014 en Agosto),  estando en Achaguas, en el Caruto, finca de mi tía Rosa, Cachamon su hijo me invita a que lo acompañe a ver un toro que quiere comprar por los lados de Santa Lucia, sugiero a mi tía que vaya también, así que emprendimos el viaje, tomamos la ruta hacia esa población que esta a mas o menos 40 minutos   de Achaguas, llegamos al fundo y ahí le pregunto a mi primo si el lugar donde vivíamos esta cerca,  me lo afirma y sin pensarlo dos veces a pesar de la negativa de mi tía,  ya que ella había jurado no volver al sitio donde había vivido, nos encaminamos hacia allá, tomamos una carretera que en el Llano llaman terraplén porque no está asfaltada,  y mi primo  me iba indicando los sitios, los cuales solo  recordaba  el nombre ya que no reconocía los lugares tal cual como me venían a la mente  cuando  vivía por esos lados, por una parte porque  no acostumbraba a ir por el recorrido que estábamos haciendo, lo hacíamos por el rio que en la actualidad  está seco, ya que le obstruyeron las entradas y solo queda el  El Rio Grande llamado El Ruende, si íbamos de la Capital de San Fernando, navegamos el rio Apure en la Chalana de mi tío Nelson, hasta donde él vivía a las orillas del Caño el Ruende en un sitio denominado La Ceiba, el Rio continuaba y ahí se abría para dar paso al Rio Apure Seco(se llamaba  así porque de verano se sequeba y en invierno era navegable), recuerdo el recorrido, pasábamos por el sitio donde vivía mi tía Eufemia (hermana de mi abuela) y su marido Ricardo Soto y lo llamaban El Ricardero,  seguíamos y nos encontrábamos donde vivía un Señor  llamado Claudio y su mujer doña Catalina,  y después el rio hacia  una gran curva que al salir de ella se divisaba del lado derecho una extensión de manglares, en donde podíamos observar una gran variedad de aves, en especial garzas y chenchenas,  del lado izquierdo un gran follaje de paja, en donde estaba el embarcadero, ahí el rio entraba y formaba una especie de laguna que en el llano se llama Vega,  a un lado un sendero  que daba a la casa donde vivían mis abuelos, en el medio un Samán, que recuerdo grandote y frondoso, habita natural de araguatos. Siguiendo la ruta del rio,  unos 15 minutos mas allá de donde vivían mis abuelos había otra gran entrada, a una vega grande y llegaba justo a la casa donde estaba la vivienda de mi tía Rosa.
 Esta foto fue tomada en el último viaje que hice navegando desde San Fernando, (no recuerdo bien la fecha pero más o menos en los años 70),  en la Vega donde vivía mi tía Rosa y aun el rio era navegable y paseábamos en canoa por sus aguas……

Siguiendo el recorrido por el terraplén, llegamos a una especie de trilla, un camino de tierra lo abordamos y ya en ese lugar según las explicaciones de mi primo estábamos en los terrenos en donde estaba enclavada la casa de mis abuelos.

Ah mundo, diría un barquisimetano, de pequeña nunca me hubiese  podido imaginar que años después iba a estar en ese lugar y en mi carro, cuando el medio de transporte que conocía en aquel entonces,  era el burro, el caballo y la canoa. Llegamos a una casa rustica, sitio de residencia de un señor amigo de mi tía y sus hijos, de sobrenombre Pelao, ya él me había referido que había comprado unos terrenos en un sitio denominado Teoderero. En el llano se acostumbra a nombrar los sitios por la persona que se asienta ahí y como ya señale mi tía Teodora fue la  última habitante.
 
Esta es la vivienda actual, en los terrenos comprados por el Señor Pelao, quien afirma que es el sitio denominado Teodorero.

Confieso que me sentía como si estuviera en tierras extrañas ya que aquello no era lo que en mi mente tenia de recuerdos, el rio no tenía idea por donde pasaba porque como ya dije se había secado, Pelao me señalaba el sitio donde antiguamente era el curso del rio, pero todo era monte y unas escasas matas de topocho…

Recorrimos el lugar  en donde solo se podía observar  extensiones de arboles pero ninguna señal de las que tenía como recuerdos.

 
Emprendemos el regreso por la misma trilla, que mi primo me explica es la ruta que conduce a lo que en la época era la  sabana y en donde había una gran laguna en la actualidad sin rastro alguno de su existencia.

Abordamos el terraplén de regreso y llegamos justo al sitio donde vivía mi tía Rosa, con sitios más reconocidos porque en la época se estaba construyendo una Escuela que en la actualidad existe y en donde se pudo observar tres grandes matas de Mango que estaban justo donde eran los potreros, mi primo nos señalaba donde estaba la Vega y un recodo de la misma que llamaban El Coporal porque abundaba mucho esa especie de pez ahí, pasamos por un camino en donde apreciamos lo que antiguamente denominaban el Chorro que comunicaba a la sabana, vemos un pocito, presumimos que se llena de agua de lluvia,  donde se bañaban unos niños ya que encontramos unas casa en su alrededor; y así emprendimos el regreso pasando por el pueblito de Santa Lucia para tomar la carretera que nos conduce de nuevo para Achaguas.

De este recorrido solo nos embargo la nostalgia de encontrarnos con unas tierras en total abandono, ya que el Señor que supuestamente compro esos terrenos no los desarrollo y posteriormente fueron invadidos, y los mismos invasores al tiempo también se fueron, son pocos los habitantes que ahí quedan. El ambiente que una recuerda de la época en que vivieron mis ancestros ahí, son tierras fértiles de grandes extensiones de sabanas, en donde pastaban el ganado de forma libre, con una fauna abundante en especies, con una agricultura que si bien no era comercial,  subsistíamos de ella, recuerdo dos grandes conucos, uno de plátano, topocho y cambur a la orilla del rio, cuando navegábamos  podíamos recrearnos de la gran extensión del mismo. Otro que quedaba en el sureste de la casa, de siembra de yuca ,auyama, ocumo,  frijol, maíz,  patilla, melón, entre muchos otros  y en la parte norte de la casa un gran Cañaveral, recuerdo el viejo trapiche de donde se extraía el jugo de caña que tomábamos y además servía para hacer el papelón, recuerdo además una siembra de tabaco, ah y en el gran patio que bordeaba la casa los frutales, eran común el mango, las naranjas, la lechosa, el anon , guanábana, guayaba, y  el gran merecure cuyo fruto era dulce y jugoso,  una gran troja con diferentes hiervas, el ají dulce, el cebollín y el culantro, así como los animales domésticos,  gallinas, guineos y patos. Y la nostalgia mayor la ausencia del rio, la vega y lagunas, bien dicen;  que el agua es vida. Ahora  estando en la capital que vivimos el mundo de los adelantos tecnológicos, no olvidamos esos orígenes en donde nuestros ancestros nos formaron con unos valores inquebrantables y el llamado de la tierra, como dice la canción de Alfredo Parra, nos encabrita  el alma y no la olvidamos jamás….  
El siguiente video fue grabado en el sitio. (esta sin editar)