De nuevo escribiendo aquí,
en esta oportunidad relatar la remembranza de mis orígenes, aunque naci en
Valencia Estado Carabobo, mi familia es del Estado Apure, de llano adentro en
los límites con Barinas, en un sitio denominado: La Realidad, bordeando el río Apure, entre la población denominada Santa Lucia y Apurito, En la extensión entre el Apure Seco y el
Caño Ruende, ahí vivían mis abuelos
maternos: Fidela y Juan Luis, en donde pase mi infancia. Estos recuerdos se
afianzaron al oír una canción de un cantautor llanero: Alfredo Parra cuyo
título: “El llamado de la Tierra”, me
hizo recordar la región de origen de mi familia, en donde vivieron
por muchos años hasta su migración hacia otras zonas.
Mi abuela viuda con sus
hijos menores y por razones de mi
enfermedad (polio), tuvimos mi mama y yo
trasladarnos a Caracas, por lo que ella decidió irse a
San Fernando, dejando en el sitio a mi tía Teodora, hermana de mi abuela, quien posteriormente junto a mi tía Rosa una de las hijas de mi abuela, que vivía cerca en la misma región, tuvieron que
salir de ahí hacia la población de Achaguas, porque las tierras después de más
de 40 años que la familia estuvo radicada en la zona, apareció un Señor quien mostro documentos que
había comprado los terrenos a su antiguo dueño y desalojo a las familias que se encontraban en
esa localidad. Sin embargo las vivencias
ahí perduran a pesar del tiempo, el año pasado (2014 en Agosto), estando en Achaguas, en el Caruto, finca de mi
tía Rosa, Cachamon su hijo me invita a que lo acompañe a ver un toro que quiere
comprar por los lados de Santa Lucia, sugiero a mi tía que vaya también, así
que emprendimos el viaje, tomamos la ruta hacia esa población que esta a mas o menos
40 minutos de Achaguas, llegamos al fundo y ahí le
pregunto a mi primo si el lugar donde vivíamos esta cerca, me lo afirma y sin pensarlo dos veces a pesar
de la negativa de mi tía, ya que ella
había jurado no volver al sitio donde había vivido, nos encaminamos hacia allá,
tomamos una carretera que en el Llano llaman terraplén porque no está asfaltada,
y mi primo me iba indicando los sitios, los cuales solo recordaba el nombre ya que no reconocía los lugares tal
cual como me venían a la mente cuando
vivía por esos lados, por una parte porque no acostumbraba a ir por el recorrido que
estábamos haciendo, lo hacíamos por el rio que en la actualidad está seco, ya que le obstruyeron las entradas
y solo queda el El Rio Grande llamado El
Ruende, si íbamos de la Capital de San Fernando, navegamos el rio Apure en la
Chalana de mi tío Nelson, hasta donde él vivía a las orillas del Caño el Ruende
en un sitio denominado La Ceiba, el Rio continuaba y ahí se abría para dar paso
al Rio Apure Seco(se llamaba así porque
de verano se sequeba y en invierno era navegable), recuerdo el recorrido,
pasábamos por el sitio donde vivía mi tía Eufemia (hermana de mi abuela) y su
marido Ricardo Soto y lo llamaban El Ricardero,
seguíamos y nos encontrábamos donde vivía un Señor llamado Claudio y su mujer doña
Catalina, y después el rio hacia una gran curva que al salir de ella se
divisaba del lado derecho una extensión de manglares, en donde podíamos
observar una gran variedad de aves, en especial garzas y chenchenas, del lado izquierdo un gran follaje de paja, en
donde estaba el embarcadero, ahí el rio entraba y formaba una especie de laguna
que en el llano se llama Vega, a un lado
un sendero que daba a la casa donde
vivían mis abuelos, en el medio un Samán, que recuerdo grandote y frondoso,
habita natural de araguatos. Siguiendo la ruta del rio, unos 15 minutos mas allá de donde vivían mis
abuelos había otra gran entrada, a una vega grande y llegaba justo a la casa
donde estaba la vivienda de mi tía Rosa.
Siguiendo el recorrido por el terraplén, llegamos a una especie de
trilla, un camino de tierra lo abordamos y ya en ese lugar según las
explicaciones de mi primo estábamos en los terrenos en donde estaba enclavada
la casa de mis abuelos.
Ah mundo, diría un barquisimetano, de pequeña nunca me hubiese podido imaginar que años después iba a estar
en ese lugar y en mi carro, cuando el medio de transporte que conocía en aquel
entonces, era el burro, el caballo y la
canoa. Llegamos a una casa rustica, sitio de residencia de un señor amigo de mi
tía y sus hijos, de sobrenombre Pelao, ya él me había referido que había
comprado unos terrenos en un sitio denominado Teoderero. En el llano se
acostumbra a nombrar los sitios por la persona que se asienta ahí y como ya
señale mi tía Teodora fue la última
habitante.
Esta es la vivienda actual, en los terrenos comprados por el Señor
Pelao, quien afirma que es el sitio denominado Teodorero.
Confieso que me sentía como si estuviera en tierras extrañas ya que
aquello no era lo que en mi mente tenia de recuerdos, el rio no tenía idea por
donde pasaba porque como ya dije se había secado, Pelao me señalaba el sitio
donde antiguamente era el curso del rio, pero todo era monte y unas escasas
matas de topocho…
Recorrimos el lugar en donde solo se podía observar extensiones de arboles pero ninguna señal de
las que tenía como recuerdos.
Emprendemos el regreso por
la misma trilla, que mi primo me explica es la ruta que conduce a lo que en la
época era la sabana y en donde había una
gran laguna en la actualidad sin rastro alguno de su existencia.
Abordamos el terraplén de
regreso y llegamos justo al sitio donde vivía mi tía Rosa, con sitios más
reconocidos porque en la época se estaba construyendo una Escuela que en la
actualidad existe y en donde se pudo observar tres grandes matas de Mango que estaban
justo donde eran los potreros, mi primo nos señalaba donde estaba la Vega y un
recodo de la misma que llamaban El Coporal porque abundaba mucho esa especie de
pez ahí, pasamos por un camino en donde apreciamos lo que antiguamente
denominaban el Chorro que comunicaba a la sabana, vemos un pocito, presumimos
que se llena de agua de lluvia, donde se
bañaban unos niños ya que encontramos unas casa en su alrededor; y así
emprendimos el regreso pasando por el pueblito de Santa Lucia para tomar la
carretera que nos conduce de nuevo para Achaguas.
De este recorrido solo nos
embargo la nostalgia de encontrarnos con unas tierras en total abandono, ya que
el Señor que supuestamente compro esos terrenos no los desarrollo y
posteriormente fueron invadidos, y los mismos invasores al tiempo también se
fueron, son pocos los habitantes que ahí quedan. El ambiente que una recuerda
de la época en que vivieron mis ancestros ahí, son tierras fértiles de grandes
extensiones de sabanas, en donde pastaban el ganado de forma libre, con una
fauna abundante en especies, con una agricultura que si bien no era comercial, subsistíamos de ella, recuerdo dos grandes
conucos, uno de plátano, topocho y cambur a la orilla del rio, cuando
navegábamos podíamos recrearnos de la
gran extensión del mismo. Otro que quedaba en el sureste de la casa, de siembra
de yuca ,auyama, ocumo, frijol,
maíz, patilla, melón, entre muchos
otros y en la parte norte de la casa un
gran Cañaveral, recuerdo el viejo trapiche de donde se extraía el jugo de caña
que tomábamos y además servía para hacer el papelón, recuerdo además una
siembra de tabaco, ah y en el gran patio que bordeaba la casa los frutales,
eran común el mango, las naranjas, la lechosa, el anon , guanábana, guayaba, y el gran merecure cuyo fruto era dulce y
jugoso, una gran troja con diferentes
hiervas, el ají dulce, el cebollín y el culantro, así como los animales domésticos,
gallinas, guineos y patos. Y la
nostalgia mayor la ausencia del rio, la vega y lagunas, bien dicen; que el agua es vida. Ahora estando en la capital que vivimos el mundo de
los adelantos tecnológicos, no olvidamos esos orígenes en donde nuestros
ancestros nos formaron con unos valores inquebrantables y el llamado de la
tierra, como dice la canción de Alfredo Parra, nos encabrita el alma y no la olvidamos jamás….
El siguiente video fue grabado en el sitio. (esta sin editar)






